Él me lo había prometido, lo había pronunciado claro y fuerte, se iba a quedar conmigo por siempre. O eso creía. Siempre estuve cuando no aguantabas más, cuando si es por vos tirarías todo a la mierda y yo te pido que te quedes, que no te vayas, que no me dejes. Que el existiese en mi vida me dejaba tranquila y a salvo de cualquier locura intermitente en mi cabeza, pero a veces aquello que alguna vez nos salva es lo mismo que algún día nos mata. A veces me preguntaba si realmente me quería, si yo estaba haciendo lo correcto al quererle, al jugarme la vida así. Porque aunque suene incoherente, me sonaba más descabellado enamorarme que morir. Sabía que morir no dolería y que amarle a él me dolería toda la vida. Me quedé para escucharle la voz al teléfono, para grabarle, para mirarle, anhelarle aunque todo pareciese decir que lo tenía conmigo, para hablarle, llorarle y sonreírle en las buenas y en las malas. Después de unos cuantos meses, las cosas fueron cambiando (es la ley de la vida, el puto cambio en todo y todos). Ya no era la misma yo ni el era ese que con el que hablaba antes. Supuse que otra vez tendría que enfrentar una perdida, una más no debería haberme significado diferencia alguna. Pero me equivoqué y por el contrario, su silencio me partía en miles de pedacitos y me dejaba tirada en mi habitación llorando, su indiferencia me dejaba vacía y muerta en vida. Su dolor, me dolía a mí. Debía acostumbrarme, digo, no hay más opción que adaptarse a vivir sin un pedazo del alma. Supuse que era algo que podría llevar a cuestas. Por el contrario, su ausencia me dejaba tan vulnerable que fui construyendo pared tras pared para no sentirle más. Para no verlo partir, para no sentir su ausencia. Supongo que no lo soporté, supongo que como muchos dicen "fue lo mejor", supongo que no debería doler, supongo que él se olvido de mí. Pero, así es mi vida. Dejar atrás las cosas, hacer como que no me tocan cuando en verdad me atraviesan y se llevan partes de mí ser. Así es como quedé yo, la que dice olvidar. La que se quedó ya muy atrás.El amor que pudo morir no era amor…
Él me lo había prometido, lo había pronunciado claro y fuerte, se iba a quedar conmigo por siempre. O eso creía. Siempre estuve cuando no aguantabas más, cuando si es por vos tirarías todo a la mierda y yo te pido que te quedes, que no te vayas, que no me dejes. Que el existiese en mi vida me dejaba tranquila y a salvo de cualquier locura intermitente en mi cabeza, pero a veces aquello que alguna vez nos salva es lo mismo que algún día nos mata. A veces me preguntaba si realmente me quería, si yo estaba haciendo lo correcto al quererle, al jugarme la vida así. Porque aunque suene incoherente, me sonaba más descabellado enamorarme que morir. Sabía que morir no dolería y que amarle a él me dolería toda la vida. Me quedé para escucharle la voz al teléfono, para grabarle, para mirarle, anhelarle aunque todo pareciese decir que lo tenía conmigo, para hablarle, llorarle y sonreírle en las buenas y en las malas. Después de unos cuantos meses, las cosas fueron cambiando (es la ley de la vida, el puto cambio en todo y todos). Ya no era la misma yo ni el era ese que con el que hablaba antes. Supuse que otra vez tendría que enfrentar una perdida, una más no debería haberme significado diferencia alguna. Pero me equivoqué y por el contrario, su silencio me partía en miles de pedacitos y me dejaba tirada en mi habitación llorando, su indiferencia me dejaba vacía y muerta en vida. Su dolor, me dolía a mí. Debía acostumbrarme, digo, no hay más opción que adaptarse a vivir sin un pedazo del alma. Supuse que era algo que podría llevar a cuestas. Por el contrario, su ausencia me dejaba tan vulnerable que fui construyendo pared tras pared para no sentirle más. Para no verlo partir, para no sentir su ausencia. Supongo que no lo soporté, supongo que como muchos dicen "fue lo mejor", supongo que no debería doler, supongo que él se olvido de mí. Pero, así es mi vida. Dejar atrás las cosas, hacer como que no me tocan cuando en verdad me atraviesan y se llevan partes de mí ser. Así es como quedé yo, la que dice olvidar. La que se quedó ya muy atrás.